En Oakland para evitar que cierren bibliotecas cierran el puerto.

En Oakland, California se han tomado tan a mal que les cierren las bibliotecas (entre otras cosas) que se han lanzado a las calles a protestar y han llegado a cerrar el puerto de esa ciudad. Hasta allí se ha ido nuestra Bibliotecaria Sin Tijeras a apoyarles:

‘Oakland, la casa del 99%

OAKLAND.– Salir de la estación 12th del transporte público BART es entrar a un campamento civil en declarada fase revolucionaria.

La Ogawa Plaza –desde ahora rebautizada con el nombre Oscar Grant Plaza en honor al afroamericano asesinado por un policía en 2009– es un campo de «esperanza para todas las luchas, en una sola causa»: el Occupy Oakland, según decía uno de los miles de carteles y mensajes escritos por todas partes.

Al mediodía de hoy eran ya miles los reunidos en la esquina que forman las calles 12 y Broadway. Cada tanto partían desde este sitio distintas marchas con diversos propósitos: tomar las calles de la ciudad, provocar el cierre de alguno de los bancos de los alrededores, demandar mejor calidad en las escuelas, exigir el pago de impuestos a ese renombrado 1% –que representan los ricos de Estados Unidos– o para detener las actividades en el puerto de Oakland  […].

Como los Occupy mantienen no tener líderes, Jaime Omar Yassin es un voluntario que está dispuesto a dar la cara a los medios en español. Declara que Oakland es el primer Occupy que llama a una huelga general, «porque en esta ciudad están cerrando escuelas y bibliotecas y porque la violencia que hubo contra los manifestantes es lo que vive la gente de color cada día, pero que no siempre se ve con tanta claridad como lo exhibieron los medios»[…].

«Este es un movimiento popular para cambiar tantas cosas que se reconocen están mal», explicó Yassin. «Ahora estamos creciendo y exponiendo problemas de la vida diaria, que necesitamos más escuelas, bibliotecas, servicios sociales, más atención a los derechos humanos, menos policía menos represión, mejor vida para toda la gente y no a la guerra, situaciones que derrotan al pueblo, que no son útiles para una persona común y corriente» .

Las marchas que surgían autónomas, sin planeación, partieron por distintos rumbos. Hubo algunos bancos que cerraron, como el Chase de la calle Berkley y Webster, que exhibía las ventanas rotas y estrelladas.

En otro lugar había voluntarios que limpiaban con cloro las pintas que dejaban otros. «Esto no nos representa. Somos un movimiento pacifista y dañar la propiedad ajena es un acto de violencia que no queremos dejar atrás», dijo una chica mientras era entrevistada por un sujeto con una videocámara portátil […]’.

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