Historia de la Biblioteca Municipal de Vallecas II: la Segunda República

Como su autora, Inocencia Soria, prometió ya se ha publicado la segunda parte de la documentada Historia de la Biblioteca Municipal de Vallecas. Esta vez centrada en la época de la Segunda República cuando fue creada la biblioteca. Y atención porque aún queda una tercera entrega.

El amanecer de las bibliotecas como bien público: el caso de Vallecas (2)

En la primera parte de este texto se explicaba el surgimiento de las bibliotecas públicas en España, más tardío que los países anglosajones, y su vinculación a los procesos de desamortización eclesiástica. Hay un largo camino que va de la Ley de Instrucción Pública (1857) del ministro de Fomento, Claudio Moyano; pasa por el decreto de 1869, que crea las bibliotecas populares; y conduce a la creación de las bibliotecas públicas en el siglo XX. Ese proceso se apoya en la legislación promovida entre 1911 y 1915. Cataluña fue pionera en el impulso creador de una red de bibliotecas públicas.

Inocencia Soria1

En la primera parte, señalaba el gran esfuerzo llevado a cabo en la Segunda República. Un impulso que alcanzó a todo el país, donde el 40 por ciento de la población era analfabeta. Sobre el caso de la Biblioteca de Vallecas, ya precisaba en la primera parte que la inauguración final no tuvo lugar hasta noviembre de 1933.

Los primeros pasos

Apenas aprobado el decreto en junio de 1932, el Ayuntamiento vallecano solicitó la creación de su biblioteca municipal en el marco de una política más general llevada a cabo en la etapa en que fue alcalde Amós Acero: pavimentación de calles, alcantarillado, enganche de las tuberías del Canal de Isabel II, obras de consolidación del matadero, eliminación de vertederos y apertura de numerosas escuelas (Bóveda 2009, 127).

Según informa el periódico La voz en su edición del 12 de septiembre de 1933, se aprueba unánimemente en el pleno del Ayuntamiento, con la asistencia de 16 concejales, la aceleración de las obras para la instalación de la biblioteca municipal y el nombramiento del archivero-bibliotecario para el día 15 del mismo mes. […]

La biblioteca se instaló, junto a la casa de socorro, en los bajos de la Casa Consistorial que se había trasladado del Pueblo de Vallecas al Puente (reivindicación que los habitantes del Puente arrastraban desde el siglo XIX y que finalmente se había aprobado el 31 de diciembre de 1931 quedando en el Pueblo una Tenencia de Alcaldía). En ese mismo edificio, ubicado al final del Bulevar de Peña Gorbea, en la actual calle Puerto de Monasterio, todavía funciona hoy la Biblioteca Municipal y el Centro Municipal de Salud mientras que las dependencias municipales se trasladaron a la Avenida de la Albufera en julio de 1946, siendo alcalde Alfonso Vázquez González (Elorriaga 2001, 249).

La prensa se hizo eco de su inauguración. El 13 de noviembre de 1933 a las seis de la tarde en una sesión solemne con la asistencia de Don Antonio Zozaya, presidente de la JIAL, Miguel Artigas, director de la Biblioteca Nacional y Amós Acero Pérez, alcalde de Vallecas.

Al día siguiente comenzó a prestar sus servicios. Abría todos los días laborables por la tarde. La sala de lectura tenía capacidad para un máximo de 78 lectores, agrupados en diferentes mesas del siguiente modo: varones adultos, señoritas, jóvenes y niños. En lugares visibles se situaban las advertencias al lector sobre cuidado de los fondos y comportamiento en la sala de lectura’.

Vallecas 1

Vallecas 2

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Historia de las bibliotecas de los barrios de Tetuán y Chamberí (Madrid)

Se recoge en este post de Tetuán Combativo:

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Algunas bibliotecas especiales en Tetuán

Una biblioteca es algo más que un contenedor de libros. Es una institución que congrega a la comunidad de un lugar y que sirve para su desarrollo. Vemos hoy algunas bibliotecas especiales desde una perspectiva social y que han vivido, o viven, situaciones de conflicto en Tetuán.

A través del blog Biblioteca y sociedad, de la Universidad Complutense de Madrid, llegamos al conocimiento de que la primera biblioteca infantil que hubo en Madrid, en tiempos de la Segunda República, se estableció en el barrio de Cuatro Caminos.

En 1934 se empezaron a establecer bibliotecas infantiles en diversos grupos escolares, siendo la primera la del Grupo Escolar Ortega Munilla de la calle Ávila. En la pequeña biblioteca, que contaba con unos 300 volúmenes, se atendía a un centenar de niños de tres a catorce años. Acudían a leer o a escuchar cuentos recitados. Según parece, incluso se hacían colas para entrar y había niños del barrio de Cuatro Caminos que se quedaban fuera. La bibliotecaria que estuvo al frente fue Juana Quílez Martí. De estos mismos años es también el proyecto de Bibliotecas hospitalarias.

El Ortega Munilla – escuela femenina- se había abierto en el número 34 de la calle Ávila dentro de la oleada de centros de enseñanza establecidos por la República, que hizo de la inexistencia de grupos escolares un problema prioritario a solventar, y abrió en Madrid casi una veintena de centros en dos años (éste en el plan de 1932, el vecino Jaime Vera en el de un año antes).

La primera biblioteca pública de la red de Bibliotecas Populares de Madrid también estuvo – y está – en el barrio. Su ubicación pertenece realmente al distrito de Chamberí pero está situada en pleno Cuatro Caminos. Se trata de la Ruiz Egea. A partir de 1915 se empezó a instalar una por distrito y en 1926 existían cinco Bibliotecas Populares: Chamberí, Inclusa, Buenavista, Hospicio y Latina. En 1919 se había puesto en marcha también el Servicio de Bibliotecas Circulantes y de los Parques de Madrid, que sacaba los libros a la calle.

La actual biblioteca lleva el nombre de Ruiz Egea en recuerdo del que fuera su bibliotecario. Florián Ruiz Egea fue bibliotecario cenetista durante la guerra y, al final de ésta, fue acusado de quintacolumnista y ejecutado por el tristemente famoso Felipe Sandoval “Doctor Muñiz”, pistolero de CNT que ejerció la violencia en la retaguardia desde la checa del Cine Europa, en Bravo Murillo. Sandoval le llamó por teléfono para que le ayudara a hacerse cargo de una supuesta biblioteca incautada – algo que ya había hecho otras veces, nada excepcional – y al llegar a unos jardines de la carretera de Canillas fue ejecutado. Esta historia y otras de Sandoval y su tiempo están magníficamente contadas en el documental de Carlos García-Alix El honor de las Injurias..

Durante la Guerra, en la parte de la batalla de Madrid librada aquí cerca, en la Ciudad Universitaria, los libros sirvieron para salvar vidas, no sólo a través de alimentar el espíritu: también se usaron para construir barricadas. El británico John Sommerfield, miembro del batallón Dumont de la XI Brigada, escribía en un relato de 1939:

“Cuando llegamos a la Ciudad Universitaria, conseguimos entrar en el edificio de Filosofía. Construimos barricadas con volúmenes de metafísica hindú y filosofía alemana de principios del siglo XIX; eran “totalmente a prueba de balas”…

Exploramos la biblioteca; en la gran sala de lectura, armas anti-tanque descansaban sobre las mesas; los libros valiosos y los manuscritos habían sido llevados fuera pero había muchos otros libros llenos de interés para nosotros; descubrimos una colección de clásicos Everyman y los llevamos a nuestra habitación. Una fría mañana encontré en un estante Los poetas de los lagos de Thomas Quincey, me envolví en una alfombra y pasé todo el día leyendo, con voracidad, sobre Wordsworth y Coleridge, en otro lugar, en otro tiempo; en dos ocasiones nos bombardearon desde el edificio de enfrente y tenía que dejar el libro para disparar contra los falangistas que saltaban como conejos cada vez que estallaban los obuses. Leí toda la tarde y había llegado al último capítulo de Los poetas de los lagos cuando estalló un obús en la biblioteca, llenándola de humo y polvo… las figuras se movían confusamente y la cabeza de John (Cornford) estaba sangrando …”

A partir de 1937 comenzó el proceso de salvamento de libros de la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, pero fueron muchos los libros antiguos y valiosos que se perdieron.

Tras la guerra civil se llevó a cabo un meticuloso proceso de depuración de libros por razones políticas y religiosas. El fondo de las Bibliotecas Populares pasó de 60.961 volúmenes a 35.000. A partir de ese momento, además, se empezó a separar los libros según una clasificación moral, diferenciados por colores: a) aptos para todos los públicos, b) no aptos para jóvenes y c) para adultos, con advertencia de encerrar algún peligro de orden moral.

Además de las bibliotecas públicas del distrito (dos en la actualidad) han existido otras bibliotecas autogestionadas, como las organizadas en algunos Centros Sociales Okupados del barrio. Tal fue el caso, por ejemplo, del CSO David Castillaokupa que se instaló en una panificadora de la calle Villaamil 36, y que fue una de las okupaciones históricas del barrio.

En el capítulo de agravios a las bibliotecas en el barrio encontramos hoy la antigua biblioteca de la Obra Social de Caja de Madrid. En 2012 la entidad cerró 35 de sus bibliotecas (la gran mayoría). Hoy, en la resaca de la gran estafa bancaria de nuestros días, los libros cogen polvo en solitario en el bonito edificio de ladrillo la biblioteca de las Mercedes en Estrecho.

Bibliografía consultada:

Las bibliotecas públicas madrileñas durante el franquismo: censuradas, con rombos y escasas.

A Bibliotecaria Sin Tijeras la apasiona encontrar textos que estudien la historia de las bibliotecas en Madrid. Por eso ha leído con agrado el trabajo ‘Las bibliotecas públicas durante el primer franquismo: entre la continuidad y la ruptura’ de la bibliotecaria e historiadora, Ana María Rodrigo Echalecu.

Sala de lectura de la Biblioteca de Mollet del Vallès (1964). Fuente: BiD

En especial el capítulo dedicado a las bibliotecas populares de Madrid (pág. 80). La autora comienza contando su historia desde el año 1915 cuando se inauguró la primera Biblioteca Popular de Madrid, la de Chamberí (hoy Ruiz Egea). Por cierto que BST se pregunta si se va a celebrar adecuadamente el centenario que será el año que viene.

Pero, de acuerdo con el título de su trabajo, donde se extiende más es en el primer franquismo. Se recogen datos escalofriantes como este:

‘Son tiempos [al acabar la Guerra Civil] difíciles que se dedicaron en gran medida a las depuraciones de fondos tendenciosos de carácter político-religioso. Los 60.961 volúmenes que componían el stock de las siete Bibliotecas Populares de Madrid se convirtieron en 35.000.’

Los que tengan edad se acordarán de los rombos en la televisión. Pues resulta que también funcionaban para los libros en las bibliotecas:

‘Los fondos, […] se dividieron en tres categorías según su clasificación moral: a) aptos para todos los públicos, b) no aptos para jóvenes y c) para adultos, con advertencia de encerrar algún peligro de orden moral. Estos grupos se distinguen con tejuelos de colores’.

Por supuesto ‘los locales son viejos y ruinosos’. Además, ‘la falta de bibliotecas municipales en Madrid capital durante estos años se pone de manifiesto’ al no haber más que siete en toda la ciudad. Mientras que en ‘Barcelona [había] 24 de la Diputación y 45 de la Caja de Pensiones’. Una rareza la de la Ciudad Condal en una España casi sin bibliotecas.

En todo Madrid sólo hay trece bibliotecas con sección infantil y están asesoradas por la ‘Asociación Católica de la Infancia’

Tranquilos. La noticia que trae hoy, Bibliotecaria Sin Tijeras, y a la que responde el titular, es de hace unos años. La ha rescatado de los archivos de El País. Cuando se redactó no hacía ni dos años que había muerto el dictador y, como se puede ver el panorama bibliotecario madrileño que había dejado era desolador.

Vale la pena leerla ahora para comparar con la situación actual y ver si nos estamos alejando o más bien volviendo al punto de partida. Las Bibliotecas Populares a las que se hace referencia son, ahora, las Bibliotecas Públicas dependientes de la Comunidad de Madrid. Y son 16 no 13 (tampoco han crecido mucho en 35 años).

Increíble nos resulta ahora el asesoramiento de la Asociación Católica de la Infancia para la adquisición de libros. Como también es duro de creer la escandalosa insuficiencia de personal de la que habla. ¿O no se ha cambiado tanto?. Lo que sí que es difícil de creer es que ya en el lejano año 1977 ‘las Bibliotecas Populares [ahora de la Comunidad] han iniciado, a través de sus directivos, conversaciones con el Ayuntamiento de Madrid con vistas a una posible colaboración´. Unas largas, larguísimas conversaciones que estan durando hasta este año 2013.

Montserrat del Amo narrando cuentos. Foto de pepbruno.com/

Montserrat del Amo narrando cuentos. Foto de pepbruno.com

Este es el artículo. Las negritas son nuestras:

Grave insuficiencia de bibliotecas infantiles

  • Serian necesarias sesenta, y sólo hay trece

BEL CARRASCO. 17 SEP 1977

El servicio de bibliotecas infantiles es un sector especialmente desatendido dentro de la precaria red de bibliotecas públicas que funcionan en Madrid. Actualmente sólo existen trece centros, pertenecientes a Bibliotecas Populares, que dispongan de una sección infantil, y, salvo dos o tres excepciones, son de capacidad muy reducida. La falta de locales y de personal, dos problemas que afectan a todas las bibliotecas de adultos, inciden con mayor intensidad sobre las bibliotecas infantiles y juveniles. Bel Carrasco informa en torno a este tema.

Más de doscientos niños acuden diariamente a la sección infantil y juvenil de la Central de Bibliotecas Populares, situada en la calle de Felipe el Hermoso, junto a la glorieta de Iglesia. Muchos de ellos vienen de barrios distantes a consultar libros de texto para hacer sus trabajos escolares o, simplemente, a leer las historietas de Mortadelo y Filemón. La mayoría conoce la biblioteca a través de sus amigos y, una vez que la visitan, suelen convertirse en asiduos de ella. En la sala de lectura tienen libre acceso al fantástico mundo de la literatura, al fascinante mundo de las ciencias y además tienen posibilidades de participar en libroforums, concursos de dibujos, asistir a charlas, o seguir cursillos de tareas manuales. Pero la central de Felipe el Hermoso, conocida como la niña bonita de las bibliotecas madrileñas, es un caso único. El servicio que ofrece a los lectores infantiles este centro y sus trece sucursales situadas en distintos puntos de la ciudad es absolutamente insuficiente para cubrir la demanda que existe.

Otra de las heroicas bibliotecarias de esa época: Elena Amat. Fuente ateneodemadrid.com

Otra de las heroicas bibliotecarias de esa época: Elena Amat. Fuente ateneodemadrid.com

«Harían falta cincuenta o sesenta bibliotecas para atender debidamente a la población infantil y juvenil, entre los siete y dieciséis años», indicó a EL PAIS Elena Amat, directora de Bibliotecas Populares y una de las personas que más ha trabajado en el momento de las bibliotecas infantiles. «Habría que instalar una biblioteca por cada quinientos metros cuadrados del área urbana», añadió.

Pero esta fórmula -deseable- está muy lejos de las posibilidades actuales debido a la falta de locales adecuados, y, sobre todo, de personal capacitado para poner en marcha una biblioteca.

Sin embargo, las Bibliotecas Populares, creadas por un real decreto del año 1912 y dependientes en la actualidad del Ministerio de Cultura, disponen de un importante fondo bibliográfico, que, en ocasiones, no puede poner en circulación por no tener personal suficiente. La central de Felipe el Hermoso cuenta con un presupuesto de diez millones de pesetas anuales para la compra de libros. En la sección infantil y juvenil se registraron el año pasado 13.082 nuevos títulos procedentes de compra o de Depósito Legal.

Selección de los libros

El funcionamiento de una biblioteca infantil plantea problemas específicos como la elección de un criterio acertado para seleccionar los libros o la orientación del niño en la utilización de ficheros, manejo de las enciclopedias y textos de consulta. Por ello, es necesario que la persona encargada de una sección infantil esté preparada para desempeñar las funciones de maestro y de sicólogo. Acostumbrar a los niños a tratar los libros con respeto, a mantener silencio y orden de manera espontánea, tanto si leen comics como si preparan sus deberes, no es tarea fácil, pero, sin duda, resulta sumamente provechoso para la formación de los muchachos y un buen complemente controladas, como la ven en las escuelas. En cuanto a la selección de títulos, la biblioteca de Felipe el Hermoso, que centraliza los fondos de todas las bibliotecas Populares de Madrid, se asesora en la Asociación Católica de la Infancia y en librerías especializadas en publicaciones para niños. Pero existe una serie de materias excluidas hasta ahora de los ficheros -como la educación sexual, por ejemplo, o especialmente controladas, como la política o la religión– sobre las que no se ha determinado todavía el criterio de selección a seguir.

Ante la falta de locales que impide la expansión de las bibliotecas, la directora de Bibliotecas Populares ha organizado varios servicios paralelos, como las prestaciones colectivas, y los bibliobuses.

Bibliotecas «paralelas»

El sistema de prestaciones colectivas, que funciona hace diez años, consiste en que la biblioteca cede temporalmente -desde varios meses hasta un año- cierto número de lotes de cincuenta libros de temas variados a las personas o entidades que lo soliciten. Este año hay más de trescientas demandas de este servicio entre asociaciones de vecinos, residencias de ancianos, cuarteles y otros centros. Otro sistema que se utiliza para paliar la falta de locales es establecer un acuerdo entre la entidad demandante, que proporciona el espacio y el personal para atender al público, y la central de Felipe el Hermoso, que se compromete a suministrar los libros y renovarlos periódicamente.

Muchas asociaciones de vecinos se han interesado en este servicio, pero el problema es que también ellas carecen de local. Hasta ahora sólo la Asociación de Orcasitas ha podido montar una pequeña biblioteca de préstamos en este régimen de concierto.

En varias ocasiones las Bibliotecas Populares han iniciado, a través de sus directivos, conversaciones con el Ayuntamiento de Madrid con vistas a una posible colaboración, pero hasta la fecha, la única aportación del Ayuntamiento ha sido la cesión del solar que ocupa la central de Felipe el Hermoso y de dos locales: uno en San Cristóbal de los Angeles y otro en Aluche.

Bibliobuses

El servicio de bibliobuses es el otro medio para hacer llegar los libros a los barrios menos dotados de bibliotecas. La Biblioteca Móvil la forma actualmente una flota de seis autobuses, cada uno con 2.000 libros entre la sección de adultos y la de niños. Hace algunos años la flota era más numerosa, pero cuando el Ayuntamiento quitó las señales que indicaban la ubicación de los bibliobuses, y a causa de la congestión de tráfico, se tuvo que reducir.

La insuficiencia de personal es un problema todavía más grave que el de falta de locales. En este servicio en Madrid sólo hay tres bibliotecarias -del cuerpo facultativo de Archiveros- y diez auxiliares de ese mismo cuerpo. Los administrativos, subalternos y personal contratado que trabaja en las bibliotecas es también muy escaso; en algunos centros sólo hay una persona para atender al público.

El servicio de bibliotecas infantiles, que por su propia naturaleza exige también mayor atención, padece especialmente esa situación deficitaria’.

Las bibliotecas en el Plan Cultural de Madrid, PECAM. (I): Descripción y aspectos positivos.

Este pasado mes de julio se publicó, por parte del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid, el Plan Estratégico de la Cultura de Madrid (PECAM) 2012-2015. Bibliotecaria Sin Tijeras quiere destacar lo relativo a las bibliotecas madrileñas.

Presentación del PECAM. Foto del Ayuntamiento de Madrid.

Un primer punto es el 5.3 Centros culturales de distrito y bibliotecas dónde a partir de la página 315 se hacen  análisis y  propuestas sobre las bibliotecas madrileñas.

Más interesante le resulta a BST el apartado Casos de Estudio sobre todo por la completa historia de las Bibliotecas Públicas del Ayuntamiento de Madrid desarrollada en la página 484 y siguientes.

Además en la página 494 se hace un estudio de la Integración de la Biblioteca Pública Municipal “Ángel González” en la vida cultural del Distrito de Latina (Aluche)y a continuación otro de la Biblioteca “José Hierro” en el Distrito de San Blas (Las Rosas).

Positiva, entre otras, le parece a BST la propuesta sobre información local

‘ […] En el ámbito municipal cobra especial significado la información local, las bibliotecas deben ser focos dinámicos de información propia de su entorno y colaborar con el resto de servicios de información. Por ello se propone:

– Servicios de mejora de información.

– Desarrollo de temas locales.

– Colecciones locales.

– Actividades en la biblioteca en torno a la cultura de los barrios.[…]’ (Pág. 321)

Y sobre todo es alentadora la confianza demostrada en el saber hacer del propio personal de las bibliotecas:

‘6. Participación del personal del Ayuntamiento. Para poder generar un modelo de gestión participativo y flexible, es fundamental que el personal que trabaja en la administración local contribuya a crear este modelo’. (Pág. 319)

‘Las bibliotecas cuentan con un colectivo profesional con un alto nivel de formación y motivación que debe liderar el nuevo modelo de biblioteca pública que la sociedad está demandando […]’ (Pág. 320)

Historia de los archivos y bibliotecas de Madrid durante el franquismo.

Hay que recordar que antes que nosotros hubo otros bibliotecarios en esta nuestra Comunidad de Madrid. Algunos tuvieron que gestionar nuestras bibliotecas en tiempos tan difíciles como los del franquismo. Les queremos rendir homenaje a todos ellos en la persona de María del Rosario Bienes Gómez-Aragón.

Esta bibliotecaria que, lógicamente en la actualidad tiene una edad avanzada, desempeñó durante muchos años los cargos de Directora del Servicio de Archivos y Bibliotecas de la Diputación Provincial de Madrid, y después de la Comunidad y Subdirectora del Centro Coordinador de Bibliotecas de la Provincia.

En calidad de la misma escribió un más que interesante artículo en Anales del Instituto de Estudios Madrileños en el año 1967. Un escrito sobre la labor cultural bibliotecaria de la Diputación Provincial de Madrid que está recogido en la Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid.

El primer párrafo ya nos sitúa en el peculiar lenguaje de la época:

‘Debido a la desaparición de la Biblioteca y Archivo provinciales producidos por el incendio que sufrió la Casa Palacio situada en la calle de Fomento de esta capital en el mes de noviembre de 1936, la reorganización de los pocos documentos del Archivo que quedaron e instalación de la nueva Biblioteca no comenzó hasta la terminación de nuestra Cruzada de Liberación’.

Así se van narrando las sucesivas ubicaciones de la Biblioteca de la Diputación de Madrid que pasando el tiempo sería el germen de lo que en la actualidad es la Biblioteca Regional de Madrid. Además viene de entonces su orientación temática:

‘Dispone de una magnífica colección de libros referentes a Madrid y su provincia. En este sentido se ha puesto en primera fila de las especializadas, siendo indispensable su consulta para cuantos estudiosos realicen trabajos sobre nuestra provincia, ya que contiene desde los primeros libros editados (Gil González Dávila: Teatro de las grandezas. Madrid, 1623. Jerónimo de la Quintana: Historia de la antigüedad nobleza y grandeza de la muy antigua y coronada villa de Madrid. Madrid, 1929, etcétera) hasta los últimos publicados recientemente’.

También se comenta las vicisitudes del Archivo Provincial de Madrid que compartía edificio con la Biblioteca y que en la actualidad es asimismo el Archivo Regional de Madrid.

Pero con todo la parte más interesante del artículo es la que nos explica la organización bibliotecaria de la provincia de Madrid en aquel periodo:

‘Pero la labor cultural bibliotecario provincial no queda reducida a sus propios servicios de Archivo y Biblioteca, sino que se extiende a los diversos pueblos de la provincia, creándoles Bibliotecas Populares.

Por este motivo fue por el que surgió el Centro Coordinador de Bibliotecas de la Provincia de Madrid, en colaboración con el Ministerio de Educación Nacional. Su creación tuvo lugar en el año 1951, por Orden Ministerial’.

‘Al frente de las diversas Bibliotecas se pretende, a ser posible, figuren Licenciados en Filosofía y Letras, Maestros Nacionales, o en su defecto otras personas que por su cultura sean merecedoras de ello’.

‘Los Ayuntamientos, por su parte, si desean fundar una Biblioteca acogida al régimen del Centro, deberán instruir un expediente y ofrecer el local adecuado para poder instalarla, corriendo con los gastos de sostenimiento y con la gratificación del Bibliotecario que va a ponerse al frente de la citada Biblioteca’.

Y en el texto se citan un buen número de bibliotecas que se crearon  en los pueblos madrileños en esos momentos y que, imaginamos algunas seguirán aún en pie.

Como vemos es un escrito fundamental para conocer la historia de las bibliotecas y los archivos madrileños.

Video de los 30 años de la Biblioteca Municipal de San Fernando de Henares.

Recientemente  se ha celebrado en San Fernando de Henares el 30 aniversario de la inauguración de su primera biblioteca municipal. Con ese motivo hicieron un video contando su historia, los niños que iban entonces, que luego ligaron en la biblioteca y que ahora son mayores.

Sus hijos son los que ahora van a la biblioteca a leer. Y son atendidos por los mismos bibliotecarios de entonces y por otros nuevos. Todo ello con el apoyo -envidia que les dará a más de uno- del alcalde de la localidad y del Concejal de Cultura. Que además era uno de esos niños de los que iba entonces a leer cuentos a la biblioteca.

Muchas historias, en parte similares a las que puedan darse en otras bibliotecas municipales madrileñas. Todas esas historias se recogen en este video que desde luego vale la pena tomarse su tiempo para verlo:

Video de los 30 años de la Biblioteca Municipal de San Fernando de Henares.