Historia de la Biblioteca Municipal de Vallecas

Un buen trabajo de investigación sobre la historia de la Biblioteca de Vallecas es el que ha BST ha visto publicado en Periodistas en Español. Habrá que esperar a la prometida continuación del artículo que seguro traerá más noticias interesantes sobre la biblioteca vallecana.

BST reproduce a continuación sólo lo relacionado con las bibliotecas madrileñas. Aunque es interesante ir a la fuente original y leer el texto entero puesto que es muy acertado el resumen que la autora hace sobre la historia de las bibliotecas españolas en general:

Rótulo original de azulejos de la Biblioteca Municipal de Vallecas

Rótulo original de azulejos de la Biblioteca Municipal de Vallecas

El amanecer de las bibliotecas como bien público: el caso de Vallecas

Con mi agradecimiento a Paloma Gil Alonso, directora de la Biblioteca Pública Municipal de Vallecas.

Inocencia Soria   (directora técnica de la Biblioteca Central Militar)

A principios de siglo XIX en los países anglosajones surgen bibliotecas dependientes de los Estados y de organizaciones religiosas. También las incipientes asociaciones obreras intentan poner el libro a disposición de las clases que –en el pasado- no habían tenido acceso a la cultura. En España, el nacimiento de las bibliotecas públicas es más tardío que en el resto del mundo occidental.

[…]

En los apéndices de la Memoria que el jefe de negociado Felipe Picatoste presenta -en 1870- al entonces ministro de Fomento, José Echegaray, se analizan las bibliotecas instituidas y se relacionan las que han sido solicitadas por ayuntamientos, corporaciones o particulares. El nombre de Vallecas aparece en la página 120 entre las solicitadas por el señor gobernador, pero no consta que se pusiera efectivamente en marcha (Picatoste 1870, 120).

A finales de 1882 se habían establecido 746 bibliotecas tanto en capitales como en pueblos de cierta importancia. Pero muchas de estas bibliotecas van a ir desapareciendo paulatinamente hasta quedar reducidas a nada al extinguirse el espíritu de la revolución que les había dado vida y el apoyo gubernamental.

Las primeras bibliotecas públicas del siglo XX

[…]En Madrid, la primera Biblioteca Popular se inauguró en 1915 en Chamberí. Ese mismo año se abrió la de la Inclusa en la Ronda de Toledo y en los años siguientes las de Buenavista, Hospicio, La Latina y Gran Vía.

Bibliotecas de la República

[…]En una Memoria del Patronato de Misiones Pedagógicas, correspondiente a las actividades desarrolladas desde septiembre de 1931 a diciembre de 1933, se informa de que, de las 3506 bibliotecas adjudicadas en ese período de tiempo, correspondieron 33 a Madrid (capital) y 97 a Madrid (provincia). Dentro de la distribución por localidades aparece la concesión a escuelas nacionales de una biblioteca en el Puente de Vallecas y otras dos en la Villa de Vallecas (Patronato de Misiones Pedagógicas 1934, 174).

Vallecas y su biblioteca municipal

El 13 de junio de 1932, con  Fernando de los Ríos como  ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, se aprueba el decreto de Bibliotecas Municipales. Se dispone que cualquier municipio en cuyo término no exista Biblioteca Pública del Estado pueda solicitar a la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros la creación de una Biblioteca municipal.

Éste es el decreto que afecta al origen de la Biblioteca Pública Municipal de Vallecas, dado que Vallecas no estaba todavía integrado en Madrid (hasta 1950 no se producirá su anexión definitiva) y era un municipio independiente del que formaban parte el Puente y la Villa de Vallecas.

En virtud del decreto, los ayuntamientos tenían que comprometerse a ofrecer un local, con apertura al menos de cuatro horas al día y encargarse del personal para atenderlas. A cambio se les  entregaba un lote fundacional cuya cuantía variaba dependiendo del número de habitantes del municipio. Se incluían las instrucciones para su organización y funcionamiento y las fichas para formar los catálogos correspondientes. Posteriormente el Estado seguía incrementando la colección dando preferencia en los repartos a los municipios que destinasen alguna cantidad a la compra de libros y, en ese caso, recibían por parte del Estado lotes por el doble de la cantidad que el pueblo invertía. En la fachada debía aparecer en sitio visible un rotulo “Biblioteca Pública Municipal” así como un anuncio donde se fijara el horario de acceso libre y gratuito. Todavía la actual Biblioteca Pública Municipal de Vallecas conserva el rótulo original formado por azulejos.

Los presupuestos para las bibliotecas municipales no fueron uniformes durante toda la República, rebajándose en los años del bienio negro. Se tenía previsto crear 100 bibliotecas anuales, cifra que solo se alcanzó el primer año. El número se redujo al año siguiente a 64 y a 36 en 1935. En total cuando estalló la guerra se habían creado 200, entre ellas la Biblioteca Municipal de Vallecas y la de Chamartín.

Muchos datos de las bibliotecas durante la II República los conocemos a través del bibliotecario Juan Vicens de la Llave, quien ejerció como inspector de las Bibliotecas Públicas Municipales de la Junta de Intercambio y de las Misiones de Pedagógicas. En 1936 había recorrido más de 100 pueblos de todas las provincias españolas redactando informes y resolviendo  dudas (Martínez Rus, 2003).

La mayoría de las bibliotecas estaban en manos de los maestros. Los bibliotecarios profesionales, miembros del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, encargados de las bibliotecas públicas estatales, aun considerando muy loable la labor de los maestros, reivindicaban que no debían suplir a los bibliotecarios. Con todo, en España había en ese momento 126 bibliotecarios profesionales frente a 46.260 maestros de primaria, 2051 profesores de instituto y 1357 profesores de universidad. En cualquier caso, la idea más extendida era que las poblaciones de más de 30.000 habitantes, como era el caso del Municipio de Vallecas, debían tener biblioteca pública dirigida por un profesional.

Vallecas tenía aproximadamente 60.000 habitantes, de los cuales 5000 vivían en el Pueblo y los restantes en el Puente. Tradicionalmente había existido cierta rivalidad entre el Puente y el Pueblo debido a que el Puente contaba con muchos más habitantes, pero con menos recursos. Mientras la Villa permanecía como una zona rural, la zona del Puente, por su proximidad a Atocha se configuró como una paupérrima área residencial para la mano de obra barata que la capital iba necesitando con infraviviendas construidas de manera anárquica sin agua corriente, asfaltado o iluminación (Bóveda 2009).

Según el censo de 1930, algo más de la mitad de la población vallecana era analfabeta y había falta de cobertura de la enseñanza primaria sin contar con la carencia absoluta de secundaria o bachiller. Al abrigo de las Casas del Pueblo, en los años 20 se habían implantado sociedades de oficios varios y escuelas racionalistas dedicadas a la enseñanza de la clase obrera  con unos supuestos pedagógicos progresistas. Uno de sus maestros, el socialista Amós Acero, llegará a ser el primer alcalde democrático de Vallecas (Elorriaga 2001).    (continuará)’

Un siglo de bibliotecas públicas en Madrid y Cataluña

Artículo de El Confidencial que recoge la mesa redonda dedicada al centenario de las bibliotecas catalanas y madrileñas:

Biblioteca pública Acuña, en Madrid, años cincuenta.

Biblioteca pública Acuña, en Madrid, años cincuenta.

Las bibliotecas públicas cumplen un siglo, con un futuro en las nubes

PEIO H. RIAÑO 23.05.2015

Entre VIP a BIB apenas hay un milímetro cacofónico de separación y, sin embargo, una distancia social abismal. Los primeros son Very Important People allá donde van; los segundos, los usuarios de las bibliotecas, esos lugares donde todos los ciudadanos son iguales a ojos de los libros. El libre acceso rige la comunidad que se acerca a leer, estudiar, aprender, entretenerse. Así ha sido desde que en 1915 se inauguraron las primeras bibliotecas públicas en Madrid y en Barcelona, con la intención de “poner al alcance de las clases populares” el conocimiento. El libro es libre y no tiene prejuicios de clase. Así ha sido durante 100 años, ¿y ahora?

Aquel real decreto que inauguraba la nueva era ilustrada, señalaba a las bibliotecas como el germen de la cultura popular. Hasta entonces, eran archivos donde al lector se le recibía como a un ser extraño. La Biblioteca Nacional y las universitarias se regían por el decreto de 1858 y su finalidad era conservar fondos patrimoniales. No existían para fomentar la lectura ni la cultura entre la población, que el censo nacional de 1860 retrataba de analfabeta. Sólo el 19,9% sabía leer y escribir. En 1910, la cifra crecía a un 60%. Curiosidad: la voz “analfabeto” aparece en el diccionario, por primera vez, en 1914.

Biblioteca pública de Cuatro Caminos, en 1915.

Biblioteca pública de Cuatro Caminos, en 1915.

Antes de la Guerra Civil había en Madrid nueve bibliotecas. Cuando acabó quedaron 35.000 ejemplares de los 61.000. A los 8 años de edad Pedro Valverde pasaba las tardes en la zona infantil de la biblioteca de su barrio. “Me ponían bata y a mí no me gustaba porque yo era de colegio público”, recuerda. Hoy es el jefe de la unidad de bibliotecas públicas en la Comunidad de Madrid, que recibieron 13,7 millones de visitas en 2014 y realizaron 6,8 millones de préstamos. “Ahora que estamos en la nube, ¿qué papel debemos desempeñar los bibliotecarios?”, se pregunta.

“Debemos asimilar las nuevas tecnologías, sin perder nuestro carácter social. Luchamos contra la cultura de la inmediatez, pero tenemos que hacerlo con inmediatez. Y debemos hacerlo con ganas”, explica el responsable de las bibliotecas madrileñas en referencia al aparato mastodóntico de la administración. “Las bibliotecas ya no son prescriptoras literarias. No solo. Ahora somos una referencia cultural. En el futuro habrá bibliotecarios, habrá técnicos, pero sobre todo habrá dinamizadores culturales”, quien habla es la homóloga de Valverde en Cataluña, Carme Fenoll, jefe del servicio de bibliotecas de la Generalitat de Cataluña.

Es probable que no haya nadie que imagine con tanta claridad las necesidades de los usuarios de las bibliotecas que vienen como ella. Mientras que las empresas editoriales se resisten al universo digital, las bibliotecas y los bibliotecarios son avanzadilla planificando la nueva era. Fenoll defiende trabajar en multiplataformas para centrarse en el lector, desarrollando clubes de lectura. En estos momentos, en Cataluña hay 700 clubes vinculados a las bibliotecas. “Son un batallón de 18.000 lectores BIB. El potencial cultural de las bibliotecas se ha menospreciado, a pesar de que el ciudadano encuentra un aliado en ellas. Por eso están más valoradas que los museos”, asegura.

Adiós al silencio

El silencio está abocado a callar. Las bibliotecas tienden a convertirse en centros de actividad incesante. La lectura se desplaza a la nube y los préstamos se hacen desde casa y en descarga digital. De momento, el invento del Ministerio no está funcionando. Como reconoce Fenoll, esta plataforma sólo ha tenido 28.000 usuarios desde que se implantó hace medio año. “Es muy poquito. El préstamo del libro electrónico no se lo ha creído el sector y así es difícil”. Hay que tener en cuenta que el año pasado se realizaron en Cataluña casi 17 millones de préstamos’.

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Mesa redonda para celebrar los 100 años de bibliotecas en Cataluña. Las de Madrid se saltan el cumpleaños

Este próximo jueves 21 de mayo (19 h.) bibliotecarios catalanes vienen a Madrid para celebrar su centenario. Ya lo han hecho en Cataluña donde han declarado el 2015 como año de las bibliotecas. Además la presentación se hizo en un evento por todo lo alto con la presencia del mismo Presidente de la Generalitat.

Carme Fenoll (x) a la izquierda de Artur Mas

Carme Fenoll (x) a la izquierda de Artur Mas

Lo triste, piensa BST, es que también en Madrid celebramos 100 años de bibliotecas públicas, pero aquí la conmemoración está pasando sin pena ni gloria. Ni siquiera la exposición que se estaba preparando se ha llegado a realizar.

Una muestra más del desprecio de la Comunidad de Madrid hacía sus bibliotecas. Bibliotecaria Sin Tijeras, como tantas otras, espera que a partir de la semana que viene haya un gobierno de la Comunidad diferente y con más sensibilidad hacía las bibliotecas y bibliotecarios.

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Mesa redonda ‘A 100: Bibliotecas públicas de Cataluña y Madrid’

La historia de nuestras bibliotecarias: heroínas antes, durante y después de la guerra. Una historia de represión y sacrificios, pequeños gestos y fuerza de voluntad, pero, sobre todo, de pasión por nuestras letras. Desde el año 1915, cuando nace la Escuela de Bibliotecarias, con el impulso de Enric Prat de la Riba y Eugeni d’Ors.

Intervendrán:

Carme Fenoll. Jefa del servicio de Bibliotecas de Catalunya

Pedro Valverde. Jefe de la Unidad de Bibliotecas Públicas en la Comunidad de Madrid’

El Centro Cultural Blanquerna está en Alcalá 44 al lado del Círculo de Bellas Artes.

‘La muerte del bibliotecario de Cuatro Caminos’

Dentro de muy poco será ya el año cuando las bibliotecas públicas madrileñas celebrarán su cien cumpleaños (1915-2015). Concretamente la centenaria será la Biblioteca Ruíz Egea que sigue estando aún en el mismo lugar donde se inauguró como Biblioteca Popular de Chamberí en 1915.

A BST siempre la intrigó saber el porqué del nombre de esa biblioteca. ¿Quién era Ruíz Egea? Y lo ha descubierto -junto con una más de las truculentas historias de nuestra Guerra Civil- en el libro de Carlos García-Alix,  ‘El honor de las injurias: Busca y captura de Felipe Sandoval’:

Ruíz Egea

 

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¿Cómo eran las bibliotecas madrileñas en 1970? 2º parte: El bibliobús anclado

En el primer artículo dedicado a la ponencia de Elena Amat de 1970: “El préstamo de libros en las bibliotecas populares de Madrid ”, dedicado a las bibliotecas públicas se veía la pobreza bibliotecaria de la época franquista. En esta segunda parte sobre la historia de los bibliobuses madrileños, BST, cree que la situación ya se acerca al humor negro propio de algunas películas de la época.

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Bibliotecarias del Bibliobús en la Feria del Libro, Madrid 1955. Fotografía de Santos Yubero Archivo Regional de la Comunidad de Madrid

Todo era más o menos normal con el primer bibliobús:

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Bibliobuses Madrid 8

Pero cuando tuvieron el segundo la cosa se complica pues les faltaba locomoción para moverlos. Así que los tienen que dejar parados en barrios que no eran precisamente los más pobres:

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Bibliobuses Madrid 3

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Un remolque

Y cuando aparece el tercer remolque -sin tener más camiones para moverlos- ya sí que se tiene que quedar anclado del todo sin remedio. El bibliobús una biblioteca móvil que no se mueve:

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Parece ser lo que entonces llamaban un jeep, a pesar de la leyenda que acompaña a la foto.

Otro triste descubrimiento que ha realizado BST leyendo esta ponencia es que el copago bibliotecario -que tantas ganas tienen de ponernos ahora- ya existía de cierto modo en aquella época. Un sistema de fianzas que impediría el uso a mucha gente sin capacidad económica:

Bibliobuses Madrid 5

[Post relacionados:

25 Aniversario de la Red de Bibliobuses de la Comunidad de Madrid.

Esperanza Aguirre dice que ella ha puesto en marcha los bibliobuses en Madrid. ]

Fotos tomadas de un folleto de la Comunidad de Madrid.

 

¿Cómo eran las bibliotecas madrileñas en 1970? 1º parte: Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor

Con el acicate de la próxima exposición sobre los 100 años de bibliotecas públicas en Madrid, a BST la ha picado la curiosidad por saber algo más de la historia de sus queridas bibliotecas madrileñas.

Lo último que ha encontrado es una ponencia del III Congreso Nacional de Bibliotecas que se celebró nada menos que en 1970. “El préstamo de libros en las bibliotecas populares de Madrid ” fue elaborada por Elena Amat, su directora, de la que hablaba BST hace muy poco.

En la ponencia,  que vale la pena leer íntegramente aquí  se muestra una foto fija -y en blanco y negro- de cómo eran las bibliotecas madrileñas en ese año 1970.  Y desde luego que contradice abiertamente aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Historia bibliotecas populares Madrid 1

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Por ejemplo en esta introducción histórica lo de “guerra de liberación” chirría un poco. Pero es que eran otros tiempos no necesariamente mejores.

Historia bibliotecas populares Madrid 2

Aquí se puede ver dos constantes en las bibliotecas de Madrid: ambiciosos planes que nunca se llegar a realizar y la falta de personal :eran sólo 50 personas para todas las bibliotecas.

Historia bibliotecas populares Madrid 2bis

Al menos Elena Amat era protestona e intentaba sacar los colores a los políticos de entonces.

Historia bibliotecas populares Madrid 3

La Biblioteca José de Acuña cree, Bibliotecaria Sin Tijeras, que estaba en la Gran Vía. Y la nueva central que se estaba construyendo debía ser efectivamente la actual Biblioteca Central de Chamberí.

Historia bibliotecas populares Madrid 4

Evidentemente no había ordenadores, ni OPACs y se tenía que realizar la pesada labor de elaborar y ordenar las fichas bibliográficas.

Historia bibliotecas populares Madrid 5

Un horario escaso y un tanto extraño (¿de 9 a 12.30?). Aunque el cierre, en cambio, era más tarde.

Historia bibliotecas populares Madrid 6

Nada de bebetecas: hasta los 6 años los niños no podían ir a la biblioteca. Y hasta los 10 años no les dejaban llevarse libros a casa. Encima era un avance pues Elena Amat nos dice que antes de su incorporación en el año 1953 no existían las bibliotecas infantiles.

*Referencia bibliográfica:

El préstamo de libros en las bibliotecas populares de Madrid / Elena Amat Calderón. En:

III Congreso Nacional de Bibliotecas : Ponencias, comunicaciones y crónica. Asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiveros: Madrid. D.L. 1970. (Págs: 87-96)