Encuesta a los bibliotecarios madrileños para elaborar el programa de Podemos

Bibliotecaria Sin Tijeras ha sabido de una encuesta promovida por Manuel Guedán , miembro de Podemos y responsable del Libro y Bibliotecas dentro del área de Cultura del Consejo Ciudadano de la Comunidad de Madrid.

Podemos cultura

La encuesta está pensada para organizar el programa de cultura en vista a las próximas elecciones de mayo. La verdad es que a BST la parece que está muy bien diseñada con conocimiento de la situación real de las bibliotecas madrileñas. Las preguntas son muy incisivas.

La encuesta se puede rellenar y enviar directamente en esta dirección:

https://docs.google.com/forms/d/1jBrlEDeNpZQyoilKdys8QEm3ysVfB0EMSPnO53HRNlc/edit

También está prevista, para este jueves 12 de marzo, una reunión de los responsables de cultura de Podemos con los bibliotecarios madrileños para escuchar sus demandas.

Los bibliotecarios pueden ser la vanguardia de la ofensiva

Eso es lo que defiende Michael Moore, según nos cuenta Pedro López en su artículo publicado en Crónica Popular:

La bibliotecaria Ann Sparanese con Michael Moore

La bibliotecaria Ann Sparanese con Michael Moore

Biblioteca y sociedad

Pedro López López

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias de la Documentación

En el prólogo del segundo libro que escribió el cineasta Michael Moore Estúpidos hombres blancos, cuenta una jugosa anécdota que tiene que ver con la profesión bibliotecaria. El 1 de diciembre de 2001, fecha en que se conmemoraba un episodio importante en la lucha contra el racismo en Estados Unidos (la costurera negra Rosa Parks se negó a cederle el asiento a un blanco y desató una tormenta de luchas contra el racismo que terminó en una importante victoria), Moore fue invitado a un acto para hablar sobre derechos civiles. En ese acto contó que había enviado ese libro a la editorial Harper Collins hacía varios meses y que, tras los atentados del 11-S, la editorial le había exigido eliminar dos capítulos en los que criticaba duramente al presidente Bush.

En el acto, Moore comentó que había preparado unas palabras pero no se sentía con ganas de pronunciarlas; en su lugar, contó el incidente con el libro y dijo a los asistentes que lamentaba que nadie iba a poder leer lo que había escrito, así que les propuso leer dos de los capítulos. Cuando terminó la lectura, el público aplaudió entusiasmado. El acto terminó y a los pocos días recibió una llamada de la editorial de alguien que le preguntó directamente “¿Qué les dijiste a los bibliotecarios?”.Moore no sabía de qué hablaba la persona que tenía al otro lado del teléfono. Desconocía que en el acto al que había asistido había una bibliotecaria que cuando llegó a su casa se conectó a internet y mandó un mensaje a un foro de discusión contando el incidente de Moore con la editorial. El resultado de su mensaje fue que la editorial recibió montones de mensajes exigiendo la retirada de la censura y, en consecuencia, la publicación del libro tal cual lo había escrito Michael Moore. La editorial, para no quedar como censora y dado que el caso ya había salido a la luz y estaba haciendo ruido, no tuvo más remedio que publicar el libro íntegramente.

Pero después de ganar esta importante batalla, la editorial no se conformó y silenció la salida, bloqueando su promoción en todos los medios. Moore reaccionó publicando una carta en Internet refiriendo todo lo que había pasado. Entonces, el libro se agotó inmediatamente y hubo que reimprimirlo numerosas veces, a pesar de no tener ninguna publicidad en periódicos ni en radios. En 2002, según cuenta Moore en ese prólogo, al menos durante unos meses fue el libro más vendido de no ficción en Estados Unidos. El éxito pasó a otros países rápidamente, y en el Reino Unido también fue el número uno en las listas de Amazon.

Todo esto motivó que Moore escribiera en el prólogo estas líneas de reconocimiento a los bibliotecarios:

No debería sorprender a nadie que los bibliotecarios fueran la vanguardia de la ofensiva. Mucha gente los ve como ratoncitos maniáticos obsesionados con imponer silencio a todo el mundo, pero en realidad lo hacen porque están concentrados tramando la revolución a la chita callando. Se les paga una mierda, se les recortan su jornada y sus subsidios y se pasan el día recomponiendo los viejos libros maltrechos que rellenan sus estantes. ¡Claro que fue una bibliotecaria quien acudió en mi ayuda! Fue una prueba más del revuelo que puede provocar una sola persona’.

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¿Es buena idea que el bibliotecario sea un escritor?

Es algo que todos los bibliotecarios estábamos acostumbrados sobre todo en otros tiempos: los altos cargos y las direcciones de las bibliotecas importantes se reservaban a escritores de más o menos renombre. Basta con ver los nombres de los directores de la Biblioteca Nacional de España, hasta hace muy pocos años.

EL ESCRITOR EN SU PARAÍSO Ángel Esteban  Treinta grandes escritores que fueron bibliotecarios Prólogo de Mario Vargas Llosa

EL ESCRITOR EN SU PARAÍSO
Ángel Esteban
Treinta grandes escritores que fueron bibliotecarios
Prólogo de Mario Vargas Llosa

Y realmente a BST no la parece una buena idea. Alguien puede ser un estupendo escritor y al mismo tiempo ser un pésimo bibliotecario por falta de conocimientos o de interés. Ángel Esteban en el libro ‘El escritor en su paraíso’ -con historias de escritores que fueron bibliotecarios- recoge casos así. Por ejemplo de Marcel Proust se dice que «Aunque adquirió responsabilidades en la Biblioteca Mazarina,

 «con frecuencia faltaba al trabajo, con la excusa de que padecía asma, y el polvo de los libros de la biblioteca le perjudicaba la salud»,

Y sobre los Hermanos Grimm asevera Ángel Esteban:

«trabajar en una biblioteca no es tan interesante ni divertido como lo es acudir a ella para nutrirse de la sabiduría que emana de los libros que allí se contienen». De hecho, en cuanto pudieron «se alejaron de ese ámbito laboral, que tanto les aburría y que aceptaban no solo como un modo de ganarse la vida, sino como un pretexto para colmar sus ansias de conocimiento».

Aunque también aparecen en el libro otros escritores que si se tomaron verdadero interés por las bibliotecas en las que trabajaban. Se puede ver un resumen de ellos en el artículo del ABC sobre el libro:

Bibliotecarios antes que escritores

 

Los bibliotecarios de Podemos crean su propio círculo

Visto en la página de Facebook de Yo AMO las Bibliotecas Públicas

Círculo Podemos

‘Por si os interesa, se ha creado un grupo de debate, un Círculo de bibliotecarios, archiveros y documentalistas en Podemos…

Creación círculo bibliotecarios, archiveros y documentalistas en Podemos

  • Proponer ideas, iniciativas y debates acerca de la creación de un circulo de bibliotecarios, archiveros y documentalistas en Podemos
  • 307 miembros’

Círculo Podemos2

Natividad: un relato bibliotecario

Esta historia la ha encontrado BST en Addenda suplemento cultural de la revista de la CGT Rojo y Negro (Nº 7, octubre 2013). Su autor, José María Oterino, es, evidentemente, bibliotecario además de un buen narrador que nos deja con un regusto amargo tras el sorpresivo final de su texto.

Este es su relato:

Natividad

Natividad

Hace ya tiempo, cuando estaba trabajando en el turno de tarde, por mi fama de poco diplomático me avisaron mis compañeros para que le diera “el toque” a un usuario que estaba resistiéndose a irse a la hora de cerrar la biblioteca. Y aunque siempre es violento despegar a quien se resiste a separarse de los ordenadores, no me importaba. Era un tipo joven, cabezón, rapado al cero, gordo y con una especie de gabardina -que no se quitaba pese a la calefacción- con sus correspondientes manchurrones.

Un friki, pensé. Le expliqué que cerrábamos a las nueve, que queríamos irnos a casa, que teníamos vida fuera de allí, que no era nuestro jefe para decidir a qué hora nos íbamos… lo normal en estos casos. Todo en tono quejoso, suplicante incluso. Él me explicó que ya lo habían echado de otra biblioteca, pero que no había dado ningún problema (anotacion mental: llamar a la otra biblio y preguntar) ni pensaba darlos aquí.

Y así, sin más, se fue y cerramos comentando sobre el nuevo personaje. A partir de entonces lo vi casi todos los días, solo quería conectarse a internet y solo en los ordenadores que había junto a la entrada. Su táctica era: entraba, si ninguno de sus favoritos estaba libre, cogía un libro y se sentaba en una mesa cerca. Tan pronto quedaba uno libre, se abalanzaba sobre él.

Uno de esos días, estando yo en el mostrador y él frente al ordenador, al avisar de que faltaban cinco minutos para cerrar la biblioteca, nuestro friki pegó un salto (acostumbraba a moverse por impulsos), cogió el libro que tenía en la mesa y se fue hacia la puerta. Supe lo que iba a pasar y, en plan hijo de puta, pensé: “mira tú por dónde, me voy a enterar de quién eres”. Fue a salir y… alarma!! El libro que llevaba era de la biblioteca y «pitó» al salir.

-No pasa nada, estoy seguro que ha sido sin querer. Pero las normas son las que son, y tenemos que tomar nota en tu ficha de usuario ¿me dejas el carnet de biblioteca?

Resulta que se llamaba Natividad… Cuando tuve un rato para comentar la jugada con los compas del curro, sacamos la conclusión de que con esos padres desaprensivos que ponen esos nombres a sus hijos, es normal que se hagan vagabundos y raros. Pero el nombre de nuestro amigo no fue lo único que descubrí ese día; el capullo tenía un libro de la biblioteca sin devolver desde hacía años. De psicología. Días más tarde, al ir a cerrar el ordenador de nuestro friki, descubrimos que navegaba en una web sobre acoso psicológico. Ay, ay. Entonces, alguien se acordó que hacía un tiempo, un tipo amenazó con un cuchillo a una compañera de otra biblioteca. Nos dejó de hacer gracia la historia.

La cosa quedó así y un día que me lo encontré, le comenté lo del libro de psicología y me dijo que le daba vergüenza traerlo después de tanto tiempo, yo le dije que no pasaba nada, que lo trajera; él alegó que estaba un poco estropeado, y yo que, bueno, que lo devolviera. Tan amigos. Pasado un tiempo, dejó de frecuentar la biblio. Durante ese tiempo, estuvimos haciendo cábalas acerca de la naturaleza mental y personal de Natividad.

Esa curiosidad de cuando ves a alguien raro y te preguntas cuál será su vida. No volvimos a saber nada de él. No, hasta que… Hace unos días coincidí con la gente del turno de tarde:

¿sabes que creemos que nuestro friki ha salido en el periódico?

-¿Y eso?

-Míralo en internet.- Tengo que reconocer que me acerqué al ordenador con cierto temor. Y lo que encontré, casaba perfectamente con esa extraña y tétrica aura que envolvía a nuestro amigo:

«Hayan un cadáver después de un mes y medio de denuncia vecinal por malos olores. Los vecinos tuvieron que abandonar sus casas por el mal olor que desprendía el cuerpo. Al parecer, el fallecido, de nombre Natividad, era de procedencia gallega. Natividad no mantenía relación con su familia desde la operación de cambio de sexo a la que se sometió hacía varios años. Se hacía llamar Ignacio”.

José María Oterino’