Los bibliotecarios pueden ser la vanguardia de la ofensiva

Eso es lo que defiende Michael Moore, según nos cuenta Pedro López en su artículo publicado en Crónica Popular:

La bibliotecaria Ann Sparanese con Michael Moore

La bibliotecaria Ann Sparanese con Michael Moore

Biblioteca y sociedad

Pedro López López

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias de la Documentación

En el prólogo del segundo libro que escribió el cineasta Michael Moore Estúpidos hombres blancos, cuenta una jugosa anécdota que tiene que ver con la profesión bibliotecaria. El 1 de diciembre de 2001, fecha en que se conmemoraba un episodio importante en la lucha contra el racismo en Estados Unidos (la costurera negra Rosa Parks se negó a cederle el asiento a un blanco y desató una tormenta de luchas contra el racismo que terminó en una importante victoria), Moore fue invitado a un acto para hablar sobre derechos civiles. En ese acto contó que había enviado ese libro a la editorial Harper Collins hacía varios meses y que, tras los atentados del 11-S, la editorial le había exigido eliminar dos capítulos en los que criticaba duramente al presidente Bush.

En el acto, Moore comentó que había preparado unas palabras pero no se sentía con ganas de pronunciarlas; en su lugar, contó el incidente con el libro y dijo a los asistentes que lamentaba que nadie iba a poder leer lo que había escrito, así que les propuso leer dos de los capítulos. Cuando terminó la lectura, el público aplaudió entusiasmado. El acto terminó y a los pocos días recibió una llamada de la editorial de alguien que le preguntó directamente “¿Qué les dijiste a los bibliotecarios?”.Moore no sabía de qué hablaba la persona que tenía al otro lado del teléfono. Desconocía que en el acto al que había asistido había una bibliotecaria que cuando llegó a su casa se conectó a internet y mandó un mensaje a un foro de discusión contando el incidente de Moore con la editorial. El resultado de su mensaje fue que la editorial recibió montones de mensajes exigiendo la retirada de la censura y, en consecuencia, la publicación del libro tal cual lo había escrito Michael Moore. La editorial, para no quedar como censora y dado que el caso ya había salido a la luz y estaba haciendo ruido, no tuvo más remedio que publicar el libro íntegramente.

Pero después de ganar esta importante batalla, la editorial no se conformó y silenció la salida, bloqueando su promoción en todos los medios. Moore reaccionó publicando una carta en Internet refiriendo todo lo que había pasado. Entonces, el libro se agotó inmediatamente y hubo que reimprimirlo numerosas veces, a pesar de no tener ninguna publicidad en periódicos ni en radios. En 2002, según cuenta Moore en ese prólogo, al menos durante unos meses fue el libro más vendido de no ficción en Estados Unidos. El éxito pasó a otros países rápidamente, y en el Reino Unido también fue el número uno en las listas de Amazon.

Todo esto motivó que Moore escribiera en el prólogo estas líneas de reconocimiento a los bibliotecarios:

No debería sorprender a nadie que los bibliotecarios fueran la vanguardia de la ofensiva. Mucha gente los ve como ratoncitos maniáticos obsesionados con imponer silencio a todo el mundo, pero en realidad lo hacen porque están concentrados tramando la revolución a la chita callando. Se les paga una mierda, se les recortan su jornada y sus subsidios y se pasan el día recomponiendo los viejos libros maltrechos que rellenan sus estantes. ¡Claro que fue una bibliotecaria quien acudió en mi ayuda! Fue una prueba más del revuelo que puede provocar una sola persona’.

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Ponencia sobre las bibliotecarias de la República

El Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid ha organizado las terceras jornadas : “MUJERES, CULTURA Y PENSAMIENTO DURANTE LA II REPÚBLICA”.

Bibliotecarias republicanas

Dentro de ellas hay que destacar la ponencia que Rosa San Segundo Manuel, de la propia Universidad Carlos III de Madrid presentará el 23 de octubre con el título: “Mujeres bibliotecarias durante la II República: de vanguardia intelectual a la depuración”. Un merecido homenaje a nuestras esforzadas y sufridas compañeras.

Recordando a Elena Amat Calderón, directora de las Bibliotecas Populares de Madrid

En la proyectada exposición sobre el centenario de las bibliotecas madrileñas, BST cree que se merece un lugar importante la bibliotecaria Elena Amat Calderón. Entre otras cosas porque fue directora de las Bibliotecas Populares de Madrid (origen de las actuales bibliotecas de la Comunidad) desde el año 1953 hasta finales de los setenta.

El Ateneo de Madrid tiene en la estupenda web de su archivo esta escueta biografía suya:

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Amat Calderón, Elena (1910-2006)

Elena Amat Calderón nació en Valencia el 13 de enero de 1910. Era hija de Francisco de Paula Amat y Villalba, catedrático de la Universidad Central, y de Elena Calderón Martín.

Licenciada en Filosofía y Letras en 1926, obtuvo el grado de doctora en historia en 1927 con una tesis sobre la escultora sevillana del siglo XVII “La Roldana”. Fue socia del Ateneo de Madrid de 1926 a 1930.

En 1931 ingresó en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, trabajando hasta 1939 en varias bibliotecas de la Universidad Central. En mayo de 1939 fue destinada a la Biblioteca del Ateneo de Madrid, donde fue nombrada directora en 1941 y permaneció hasta 1953.

A partir de entonces desempeñó la dirección de las Bibliotecas Populares de Madrid. El ministro de Educación le concedió en 1953 la orden civil de Alfonso X el Sabio con la categoría de cruz por los méritos contraídos, en 1972 le fue impuesta la medalla del Instituto Nacional de Libro Español y en 1980 el rey le otorgó el lazo de dama de la orden de Isabel la Católica. Casada con Carlos Oskar Wienken, tuvo tres hijas: Ana María, Cristina y Elena Wienken Amat. Falleció el 4 de agosto de 2006.

Fuentes

SÍGLER SILVERA, Fernando. “La ocupación del Ateneo”. En: El Ateneo intervenido 1939-1946. Madrid : Ateneo de Madrid, 2008, p. 33-127′.

¿Es buena idea que el bibliotecario sea un escritor?

Es algo que todos los bibliotecarios estábamos acostumbrados sobre todo en otros tiempos: los altos cargos y las direcciones de las bibliotecas importantes se reservaban a escritores de más o menos renombre. Basta con ver los nombres de los directores de la Biblioteca Nacional de España, hasta hace muy pocos años.

EL ESCRITOR EN SU PARAÍSO Ángel Esteban  Treinta grandes escritores que fueron bibliotecarios Prólogo de Mario Vargas Llosa

EL ESCRITOR EN SU PARAÍSO
Ángel Esteban
Treinta grandes escritores que fueron bibliotecarios
Prólogo de Mario Vargas Llosa

Y realmente a BST no la parece una buena idea. Alguien puede ser un estupendo escritor y al mismo tiempo ser un pésimo bibliotecario por falta de conocimientos o de interés. Ángel Esteban en el libro ‘El escritor en su paraíso’ -con historias de escritores que fueron bibliotecarios- recoge casos así. Por ejemplo de Marcel Proust se dice que “Aunque adquirió responsabilidades en la Biblioteca Mazarina,

 «con frecuencia faltaba al trabajo, con la excusa de que padecía asma, y el polvo de los libros de la biblioteca le perjudicaba la salud»,

Y sobre los Hermanos Grimm asevera Ángel Esteban:

«trabajar en una biblioteca no es tan interesante ni divertido como lo es acudir a ella para nutrirse de la sabiduría que emana de los libros que allí se contienen». De hecho, en cuanto pudieron «se alejaron de ese ámbito laboral, que tanto les aburría y que aceptaban no solo como un modo de ganarse la vida, sino como un pretexto para colmar sus ansias de conocimiento».

Aunque también aparecen en el libro otros escritores que si se tomaron verdadero interés por las bibliotecas en las que trabajaban. Se puede ver un resumen de ellos en el artículo del ABC sobre el libro:

Bibliotecarios antes que escritores