Un siglo de bibliotecas públicas en Madrid y Cataluña

Artículo de El Confidencial que recoge la mesa redonda dedicada al centenario de las bibliotecas catalanas y madrileñas:

Biblioteca pública Acuña, en Madrid, años cincuenta.

Biblioteca pública Acuña, en Madrid, años cincuenta.

Las bibliotecas públicas cumplen un siglo, con un futuro en las nubes

PEIO H. RIAÑO 23.05.2015

Entre VIP a BIB apenas hay un milímetro cacofónico de separación y, sin embargo, una distancia social abismal. Los primeros son Very Important People allá donde van; los segundos, los usuarios de las bibliotecas, esos lugares donde todos los ciudadanos son iguales a ojos de los libros. El libre acceso rige la comunidad que se acerca a leer, estudiar, aprender, entretenerse. Así ha sido desde que en 1915 se inauguraron las primeras bibliotecas públicas en Madrid y en Barcelona, con la intención de “poner al alcance de las clases populares” el conocimiento. El libro es libre y no tiene prejuicios de clase. Así ha sido durante 100 años, ¿y ahora?

Aquel real decreto que inauguraba la nueva era ilustrada, señalaba a las bibliotecas como el germen de la cultura popular. Hasta entonces, eran archivos donde al lector se le recibía como a un ser extraño. La Biblioteca Nacional y las universitarias se regían por el decreto de 1858 y su finalidad era conservar fondos patrimoniales. No existían para fomentar la lectura ni la cultura entre la población, que el censo nacional de 1860 retrataba de analfabeta. Sólo el 19,9% sabía leer y escribir. En 1910, la cifra crecía a un 60%. Curiosidad: la voz “analfabeto” aparece en el diccionario, por primera vez, en 1914.

Biblioteca pública de Cuatro Caminos, en 1915.

Biblioteca pública de Cuatro Caminos, en 1915.

Antes de la Guerra Civil había en Madrid nueve bibliotecas. Cuando acabó quedaron 35.000 ejemplares de los 61.000. A los 8 años de edad Pedro Valverde pasaba las tardes en la zona infantil de la biblioteca de su barrio. “Me ponían bata y a mí no me gustaba porque yo era de colegio público”, recuerda. Hoy es el jefe de la unidad de bibliotecas públicas en la Comunidad de Madrid, que recibieron 13,7 millones de visitas en 2014 y realizaron 6,8 millones de préstamos. “Ahora que estamos en la nube, ¿qué papel debemos desempeñar los bibliotecarios?”, se pregunta.

“Debemos asimilar las nuevas tecnologías, sin perder nuestro carácter social. Luchamos contra la cultura de la inmediatez, pero tenemos que hacerlo con inmediatez. Y debemos hacerlo con ganas”, explica el responsable de las bibliotecas madrileñas en referencia al aparato mastodóntico de la administración. “Las bibliotecas ya no son prescriptoras literarias. No solo. Ahora somos una referencia cultural. En el futuro habrá bibliotecarios, habrá técnicos, pero sobre todo habrá dinamizadores culturales”, quien habla es la homóloga de Valverde en Cataluña, Carme Fenoll, jefe del servicio de bibliotecas de la Generalitat de Cataluña.

Es probable que no haya nadie que imagine con tanta claridad las necesidades de los usuarios de las bibliotecas que vienen como ella. Mientras que las empresas editoriales se resisten al universo digital, las bibliotecas y los bibliotecarios son avanzadilla planificando la nueva era. Fenoll defiende trabajar en multiplataformas para centrarse en el lector, desarrollando clubes de lectura. En estos momentos, en Cataluña hay 700 clubes vinculados a las bibliotecas. “Son un batallón de 18.000 lectores BIB. El potencial cultural de las bibliotecas se ha menospreciado, a pesar de que el ciudadano encuentra un aliado en ellas. Por eso están más valoradas que los museos”, asegura.

Adiós al silencio

El silencio está abocado a callar. Las bibliotecas tienden a convertirse en centros de actividad incesante. La lectura se desplaza a la nube y los préstamos se hacen desde casa y en descarga digital. De momento, el invento del Ministerio no está funcionando. Como reconoce Fenoll, esta plataforma sólo ha tenido 28.000 usuarios desde que se implantó hace medio año. “Es muy poquito. El préstamo del libro electrónico no se lo ha creído el sector y así es difícil”. Hay que tener en cuenta que el año pasado se realizaron en Cataluña casi 17 millones de préstamos’.

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