Natividad: un relato bibliotecario

Esta historia la ha encontrado BST en Addenda suplemento cultural de la revista de la CGT Rojo y Negro (Nº 7, octubre 2013). Su autor, José María Oterino, es, evidentemente, bibliotecario además de un buen narrador que nos deja con un regusto amargo tras el sorpresivo final de su texto.

Este es su relato:

Natividad

Natividad

Hace ya tiempo, cuando estaba trabajando en el turno de tarde, por mi fama de poco diplomático me avisaron mis compañeros para que le diera “el toque” a un usuario que estaba resistiéndose a irse a la hora de cerrar la biblioteca. Y aunque siempre es violento despegar a quien se resiste a separarse de los ordenadores, no me importaba. Era un tipo joven, cabezón, rapado al cero, gordo y con una especie de gabardina -que no se quitaba pese a la calefacción- con sus correspondientes manchurrones.

Un friki, pensé. Le expliqué que cerrábamos a las nueve, que queríamos irnos a casa, que teníamos vida fuera de allí, que no era nuestro jefe para decidir a qué hora nos íbamos… lo normal en estos casos. Todo en tono quejoso, suplicante incluso. Él me explicó que ya lo habían echado de otra biblioteca, pero que no había dado ningún problema (anotacion mental: llamar a la otra biblio y preguntar) ni pensaba darlos aquí.

Y así, sin más, se fue y cerramos comentando sobre el nuevo personaje. A partir de entonces lo vi casi todos los días, solo quería conectarse a internet y solo en los ordenadores que había junto a la entrada. Su táctica era: entraba, si ninguno de sus favoritos estaba libre, cogía un libro y se sentaba en una mesa cerca. Tan pronto quedaba uno libre, se abalanzaba sobre él.

Uno de esos días, estando yo en el mostrador y él frente al ordenador, al avisar de que faltaban cinco minutos para cerrar la biblioteca, nuestro friki pegó un salto (acostumbraba a moverse por impulsos), cogió el libro que tenía en la mesa y se fue hacia la puerta. Supe lo que iba a pasar y, en plan hijo de puta, pensé: “mira tú por dónde, me voy a enterar de quién eres”. Fue a salir y… alarma!! El libro que llevaba era de la biblioteca y “pitó” al salir.

-No pasa nada, estoy seguro que ha sido sin querer. Pero las normas son las que son, y tenemos que tomar nota en tu ficha de usuario ¿me dejas el carnet de biblioteca?

Resulta que se llamaba Natividad… Cuando tuve un rato para comentar la jugada con los compas del curro, sacamos la conclusión de que con esos padres desaprensivos que ponen esos nombres a sus hijos, es normal que se hagan vagabundos y raros. Pero el nombre de nuestro amigo no fue lo único que descubrí ese día; el capullo tenía un libro de la biblioteca sin devolver desde hacía años. De psicología. Días más tarde, al ir a cerrar el ordenador de nuestro friki, descubrimos que navegaba en una web sobre acoso psicológico. Ay, ay. Entonces, alguien se acordó que hacía un tiempo, un tipo amenazó con un cuchillo a una compañera de otra biblioteca. Nos dejó de hacer gracia la historia.

La cosa quedó así y un día que me lo encontré, le comenté lo del libro de psicología y me dijo que le daba vergüenza traerlo después de tanto tiempo, yo le dije que no pasaba nada, que lo trajera; él alegó que estaba un poco estropeado, y yo que, bueno, que lo devolviera. Tan amigos. Pasado un tiempo, dejó de frecuentar la biblio. Durante ese tiempo, estuvimos haciendo cábalas acerca de la naturaleza mental y personal de Natividad.

Esa curiosidad de cuando ves a alguien raro y te preguntas cuál será su vida. No volvimos a saber nada de él. No, hasta que… Hace unos días coincidí con la gente del turno de tarde:

¿sabes que creemos que nuestro friki ha salido en el periódico?

-¿Y eso?

-Míralo en internet.- Tengo que reconocer que me acerqué al ordenador con cierto temor. Y lo que encontré, casaba perfectamente con esa extraña y tétrica aura que envolvía a nuestro amigo:

“Hayan un cadáver después de un mes y medio de denuncia vecinal por malos olores. Los vecinos tuvieron que abandonar sus casas por el mal olor que desprendía el cuerpo. Al parecer, el fallecido, de nombre Natividad, era de procedencia gallega. Natividad no mantenía relación con su familia desde la operación de cambio de sexo a la que se sometió hacía varios años. Se hacía llamar Ignacio”.

José María Oterino’

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