Cuando se trabaja en una biblioteca, la frase “a mí no me pagan por ser simpático” es falsa

El artículo que recomienda hoy Bibliotecaria Sin Tijeras toca un aspecto que cualquiera vive todos los días en su biblioteca aunque se trate poco del mismo en la literatura profesional : el servicio emocional que prestamos. Algo muy importante y más en estos tiempos de crisis sin fin. Este es un extracto del artículo publicado en la revista Mi Biblioteca  (n. 34, verano 2013):

Las camisetas muestran la posición contraria de los trabajadores de una biblioteca de Barcelona a las políticas de recortes presupuestarios en los servicios públicos básicos. En la camiseta amarilla se puede leer el lema “Yo amo las bibliotecas públicas. Las bibliotecas no son un gasto son una inversión”. En la camiseta negra leemos: “Recortarme la camiseta. Es lo único que os falta”.

Las camisetas muestran la posición contraria de los trabajadores de una biblioteca de Barcelona a las políticas de recortes presupuestarios
en los servicios públicos básicos. En la camiseta amarilla se puede leer el lema “Yo
amo las bibliotecas públicas. Las bibliotecas no son un
gasto son una inversión”. En la camiseta negra leemos:
“Recortarme la camiseta. Es lo único que os falta”.

Mi biblioteca: mi refugio

El servicio emocional de las bibliotecas públicas en tiempos de crisis

Mario Aguilera Giménez. Director de la Biblioteca Pública Mercè Rodoreda de Sant Joan Despí (Barcelona)

Nadie pone en duda que las bibliotecas públicas son un servicio para las personas. Pero hablar de personas es también hablar de emociones y realidades muy diferentes…

Según esta premisa podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo las bibliotecas públicas pueden responder a dichas emociones y realidades para mejorar el bienestar de los usuarios y el sentimiento de pertenencia hacia ellas?

[…] Sin embargo, no siempre damos la importancia necesaria al factor emocional. Muchos usuarios que sufren las consecuencias de la crisis vienen a la biblioteca para sentirse realizados, ocupados, acompañados, comprendidos… y para evadirse de la realidad.

Sergio y Sara, por ejemplo, son matrimonio, tienen entorno a los 35 años y dos hijas. Ambos están desempleados desde hace tres años y medio.

La actividad que más valoran son las horas del cuento porque es de las pocas actividades que disfrutan juntos en familia. Se olvidan durante un tiempo de los problemas económicos, de las discusiones de pareja y son felices viendo disfrutar a sus hijas.

Manuel, 70 años. Viene a la biblioteca escapando de la tensión y del ruido que hay en su propia casa desde que acogió a su hija, yerno y dos nietos. En la biblioteca encuentra la calma que necesita así como la comprensión de otros usuarios. Se distrae leyendo libros, revistas y diarios [..].

[Hay que] Mantener una actitud profesional cercana, empática, amable y alegre con los usuarios

Cuando se trabaja atendiendo al público, la frase “a mí no me pagan por ser simpático” es falsa [..].

[Hay que] Programar actividades que transmitan la construcción de un mundo alternativo posible

Basándonos en los valores sociales y en la concienciación de la población sobre temáticas que afectan a la globalidad de las personas, como el respeto al medio ambiente, el comercio justo, la banca ética, las cooperativas empresariales, el comercio de kilómetro cero, la alimentación biológica, el reciclaje, la moneda social, etc […]

Los bibliotecarios no somos psicólogos ni entrenadores personales de las emociones ni pretendemos serlo. No debemos actuar como consejeros ni como paño de lágrimas, pero podemos ayudar a las personas proporcionándoles bienestar, nuevos conocimientos para que gestionen mejor su vida personal y profesional, aliviarles con gestos o palabras afectivas. Interesarnos (respetando la intimidad) por la evolución de algún problema personal que algún usuario voluntariamente nos haya comentado previamente contribuirá a que el usuario se identifique más con la biblioteca’.

[Leer el artículo completo]

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Un pensamiento en “Cuando se trabaja en una biblioteca, la frase “a mí no me pagan por ser simpático” es falsa

  1. Personalmente, creo que nuestra obligación se limita a tratar a los usuarios con respeto. Más allá de ahí, cualquier extra de simpatía o de empatía es algo que no debe exigirse. Si un bibliotecario quere mostrar mayor simpatía, es cosa suya, pero no es algo que deba plantearse como una obligación.

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