Fernando Villalonga, el Atila de la cultura, se va del Ayuntamiento de Madrid

Bibliotecaria Sin Tijeras toma prestado este titular del artículo de El Confidencial:

Fernando Villalonga, el Atila de la cultura

Peio H. Riaño. 27.10.2013

Protegido por una amistad inquebrantable con los Aznar, el exdelegado de Las Artes de Madrid regresa a Exteriores y deja los peores recuerdos entre sus colaboradores y un panorama cultural devastado, en menos de dos años de actuación. Sólo el Tribunal Constitucional, primero, y su ambición política, más tarde, han apartado a la pajarita de este valenciano de 53 años del futuro cultural de la capital.

El pasado lleva su nombre grabado en la lápida de la polémica: Fernando Villalonga. Es difícil encontrar en la historia de la lampiña democracia española un gestor de lo público dedicado a lo cultural que haya generado unas condiciones similares entre los equipos bajo su responsabilidad’.

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Fernando Villalonga (izquierda) como presidente de Madrid Destino, y su 'número dos', Timothy Chapman. Fuente El País

Fernando Villalonga (izquierda) como presidente de Madrid Destino, y su ‘número dos’, Timothy Chapman. Fuente El País

Y es que tras verse a obligado a dejar su cargo en Las Artes, ya que su nombramiento era ilegal, Villalonga siguió en otros cargos en el Ayuntamiento de Madrid. Por supuesto con su habitual costumbre de moverse por todos ellos como elefante en una cacharrería.

Por fin se ha ido -o se ha tenido que ir- al Ministerio de Exteriores. En prácticamente todas las crónicas periodísticas que reseñan su paso por el Ayuntamiento se recuerda cuando los bibliotecarios madrileños le obligamos a abandonar su ‘genial’ idea de sustituir bibliotecarios por voluntarios.

Así en El País:

“Su gestión en Las Artes estuvo marcada por el recorte presupuestario. Ante la falta de personal para abrir bibliotecas ya construidas, abogó por usar a voluntarios, lo que, al ser refrendado por Botella, le causó a esta su primer disgusto como alcaldesa”.

Y de un modo más sesgado en el ABC:

“A Villalonga le siguió la polémica prácticamente desde su llegada al Palacio de Cibeles. Propuso un cuerpo de bibliotecarios voluntarios que permitieran poner en marcha centros que no funcionaban por falta de personal. Su propuesta, absolutamente razonable en un entorno anglosajón, no fue entendida en Madrid, donde se le acusó de querer suplir con voluntarios los empleos que no se cubrían”.

Por fin se va del Ayuntamiento un gestor cultural que en su última entrevista dejaba bien claro que la cultura pública no existe entre otras muestras del credo neoliberal. Por ejemplo que dar la gestión de los teatros municipales a empresas privadas no es privatizarlos.

BST quiere despedir a Villalonga con el viejo dicho de “tanta paz lleves como paz dejas”. ¡Hasta nunca!

 

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