Una bibliotecaria de Zaragoza nos explica como el copago de 4.40 € es el principio del fin de las bibliotecas públicas

BST ha leído en el blog Tirabuzón de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza este profundo y completo artículo que explica todo lo que hay detrás del copago bibliotecario:

4.40 € : Discurso público, esfera pública, bibliotecas públicas.

Nuestra compañera de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza, Mª Engracia Martín (Directora de la Biblioteca de la Facultad de CC. Humanas y de la Educación) ha publicado en el Diario del Alto Aragón un interesante artículo sobre la reciente noticia del cobro por tarjeta de usuario en las Bibliotecas Públicas Municipales de Zaragoza. Este caso particular sirve a la autora para reflexionar sobre los servicios públicos y las amenazas que actualmente se ciernen sobre ellos, destacando los valores intrínsecos de las bibliotecas en estos aspectos fundamentales de nuestra sociedad.

4.40 € : Discurso público, esfera pública, bibliotecas públicas.

Las bibliotecas públicas de Zaragoza, según noticia de prensa aparecida a lo largo del verano, van a cobrar 4.40 € al año a los ciudadanos –¿o deberíamos decir clientes?- por el uso de las mismas (tarjeta de usuario). Si lo pensamos bien, realmente, no es una cantidad de escándalo, teniendo en cuenta que una caña o un café cuestan 1.20 -1.50 €. Una gran mayoría podría asumir su coste sin grandes problemas. Sin embargo, es preciso impugnar la medida para contribuir a difundir un debate serio sobre su contexto y finalidad. Propósito –contar con información para poder opinar y tomar críticamente partido- al que, por otra parte, contribuyen las bibliotecas públicas proporcionando acceso y documentación a todo el mundo, gratuitamente y sin exclusiones.


El problema no son los 4.40 €. Hay más, como todo el mundo sabe. Tendremos que desembolsar parte del costo de los medicamentos o por asistencia sanitaria. Habremos de sufragar la subida de los impuestos indirectos que son socialmente injustos, pues afectan negativamente a los sectores de la población más desfavorecidos…Tendremos, en fin, que apoquinar por el aumento de tasas académicas, o servicios que hasta ahora eran gratuitos para los ciudadanos, porque los financiaba el Estado con los impuestos de todos. En el marco de la última grave crisis del capitalismo (crisis financiera, pero también social, ecológica, ideológica…) y tomando ésta como coartada, se están implantando políticas y medidas que, en última instancia, persiguen destruir el precario estado de bienestar alcanzado en nuestro país en los últimos treinta años.
La clave del asunto no son los 4.40 € que se cobrarán, probablemente, para empezar. El quid de la cuestión es de índole política, social, ideológica: es todo un bastión de ideas relacionadas con la organización colectiva y democrática lo que se está intentando echar abajo; es el fundamento del denominado estado de bienestar lo que de manera explícita se agrede –un modelo de Estado y organización social por el que aquel garantiza servicios sociales básicos a toda la población, contribuyendo a la redistribución de la riqueza o la igualdad de oportunidades- para sustituirlo por otro en el que el Estado deja de desempeñar su papel regulador y redistribuidor permitiendo que la razón económica ocupe todos los ámbitos de la vida individual y social. Se trata de llevar a sus últimas consecuencias el fundamentalismo de mercado y que, sucintamente, en palabras de I.Ramonet, consiste en alcanzar una existencia con más mercado y menos Estado. Se persigue arrasar con la realidad y el proyecto de la esfera pública, en sentido habermasiano -ámbito de inclusión por excelencia, marco solidario de construcción razonada y dialogante de ciudadanía- y sustituirla por espacios de muy distinto signo: escenarios mercantilizados con productos destinados sólo para aquéllos que puedan pagarlos, es decir, para los clientes.
El modus operandi ya se conoce: convenientemente adobado según la razón económica (i.e. los servicios públicos no son rentables -sean universidades, bibliotecas o museos- y la privatización supone que el consumidor recibe más por menos) se estrangulan instituciones y servicios no financiándolos adecuadamente con lo que se les aboca a la búsqueda de otras fuentes de ingresos, y, más o menos directamente, a la mercantilización y la privatización. Así, nos dicen, es preciso cobrar tarifas a los usuarios, como es el caso que ahora nos ocupa’.

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